El músculo, el motor de nuestro cuerpo
El músculo esquelético está compuesto por fibras musculares, que son las estructuras que permiten que éste se contraiga y pueda realizar el movimiento. Existen diferentes tipos de fibras musculares con características específicas: las fibras lentas, las rápidas y las intermedias. Las fibras lentas, también llamadas fibras de tipo I o fibras rojas, obtienen la energía mediante el uso de oxígeno (metabolismo aeróbico) y son muy resistentes a la fatiga, pero poseen menos fuerza y una velocidad de contracción menor. Por el contrario, las fibras rápidas, también conocidas cómo fibras tipo IIx o fibras blancas, trabajan básicamente con un metabolismo anaeróbico (sin utilizar oxígeno) y se fatigan con más facilidad, pero producen más cantidad de fuerza y son capaces de contraerse de forma más rápida. Las fibras intermedias o fibras IIa poseen unas características a medio camino entre una fibra rápida y una lenta y tienen la capacidad de “transformar” ligeramente su metabolismo.
La proporción de las diferentes fibras es variable en cada músculo y puede cambiar dependiendo de la persona. Es decir, existen personas con una mayor proporción de fibras lentas o rápidas.
Cómo influye la composición muscular en los diferentes tipos de actividad deportiva
Cada tipo de deporte exige unas demandas específicas al músculo. Por ejemplo, si pretendemos correr durante una hora necesitaremos utilizar fundamentalmente aquellas fibras que posean un buen metabolismo aeróbico y que soporten bien la fatiga a medida que vayan pasando los minutos. Esto es, fundamentalmente fibras lentas.
Sin embargo, si lo que queremos es correr cien metros a la máxima velocidad lo que nos interesa es reclutar aquellas fibras con una capacidad de contracción más rápida, que puedan ofrecernos la máxima potencia. En este caso, mayoritariamente se utilizarán fibras rápidas.
Piensa en el músculo cómo si fuera el capitán de un gran ejército de soldados con diferentes características. Ante una situación en la que se requiera una fuerza rápida y explosiva (cómo lanzar un objeto pesado lo más rápido posible) el capitán recurrirá a aquellos soldados más veloces y fuertes (fibras rápidas). Si por el contrario hay que correr durante un día entero para ir a buscar provisiones, recurrirá a aquellos soldados que sean más resistentes y que no se cansen con facilidad (fibras lentas). Evidentemente, si la mayoría de las misiones de este ejército consisten en ir a por provisiones, una actividad con un componente más grande de resistencia que de potencia, siempre será más útil una mayor proporción de soldados resistentes.
Lo mismo sucede en el terreno del deporte. Si la actividad deportiva que practicas tiene un componente de resistencia o de potencia muy alto, poseer más cantidad de fibras indicadas para ese esfuerzo siempre será un plus, ya que tendrás mayores “recursos” a los que acudir cuando sea el momento. De hecho una gran cantidad de estudios se han enfocado en analizar qué tipo de fibras es mayoritario en deportistas de diferentes disciplinas, desvelando que efectivamente, existe una relación entre la proporción de éstas y la aptitud para ciertos deportes.
Entrena lo que quieras, pero con tus propias reglas
Aunque una cierta composición muscular pueda mejorar nuestra aptitud para ciertos tipos de deporte, esto no quiere decir que nos limite a la hora de practicar cualquiera de ellos o que cierto grado de mejora no sea posible. De hecho, el entrenamiento es capaz de transformar ligeramente el metabolismo de algunas fibras rápidas (IIx) para que se asemejen más a una fibra intermedia (IIa) lo que supondría un aumento en la capacidad de resistencia.
Además, mediante el entrenamiento también es posible aumentar el área de músculo que ocupa un determinado tipo de fibra, pudiendo aumentar la resistencia o la fuerza según el tipo de estímulo y mejorando nuestras capacidades para un deporte en concreto.
Sin embargo, hay que tener presente que las diferencias en la composición muscular influyen a la hora de planificar el entrenamiento. Volviendo al ejemplo del ejército de fibras musculares, si quiero que mi equipo, que se compone mayoritariamente por soldados poco resistentes pero muy fuertes, vaya a por provisiones, ¿a dónde les diré que vayan a buscarlas? Podrían ir a un sitio muy lejano pero con una ruta poco exigente, sin muchos obstáculos, o bien a un lugar cercano pero mucho más exigente en cuanto a fuerza que deberán realizar, ya que habrá que levantar algunos pesos muy grandes por el camino. ¿Cuál crees que sería la mejor opción? Cómo ya habrás adivinado, seguramente la segunda estrategia tendría más garantías de éxito. Forzar a estos soldados a unas pautas de resistencia extremas probablemente los agotaría y estaríamos desaprovechando su auténtico potencial. Lo mismo ocurre con nuestros músculos. Si bien podemos someterlos a ciertos tipos de cargas y éstos se adaptarán, siempre funcionarán mejor y aprovecharán mejor sus capacidades cuando ajustemos los estímulos que reciben a sus propias características.
Resumiendo, en función del porcentaje de fibras mayoritario que cada persona tenga es recomendable ajustar la intensidad, el volumen y los descansos para evitar sobrecargar el músculo y optimizar su funcionamiento. Por eso, conocer mejor tu composición muscular es un buen comienzo cuando se trata de planificar tu pauta de entrenamiento o mejorar tu rendimiento.
Cómo ves, en el terreno deportivo nuestra biología tiene también mucho que decir y una misma pauta de entrenamiento no tiene por qué servir para todo el mundo. Conocerte mejor en este aspecto y aplicar pautas personalizadas puede hacer que consigas tus objetivos de una forma más eficiente mientras que reduces el riesgo de lesión y sobreentrenamiento.

